Nacida en las huertas de Valencia en el siglo XVIII. Los campesinos cocinaban arroz con lo que tenían: conejo, pollo, judías verdes, garrofó y caracoles. El nombre viene de la sartén (“paella” en valenciano). La auténtica, solo se hace los domingos y con leña de naranjo. ¡Prohibido el chorizo!
Cuenta la leyenda que nació en 1835 cuando el general carlista Zumalacárregui pidió comida a una campesina vasca y solo tenía huevos, patatas y cebolla (o sin cebolla, según la eterna discusión). Hoy es el plato más universal de España: con o sin cebolla, jugosa o cuajada.
El gazpacho andaluz es una sopa fría de origen árabe que los jornaleros tomaban en el campo (tomate, pepino, pimiento, ajo, pan, aceite y vinagre). El salmorejo cordobés es su versión más espesa y rica, coronado con jamón y huevo duro. Perfectos para el calor del verano.
El “pata negra” es el rey. Cerdos 100% ibéricos criados en libertad en la dehesa y alimentados solo de bellotas durante la montanera. Curación mínima de 36 meses. Las mejores denominaciones: Jabugo (Huelva), Guijuelo (Salamanca) y Los Pedroches (Córdoba).
La palabra “tapa” viene de la costumbre de tapar las copas de vino con una loncha de jamón para que no entraran moscas. Hoy es todo un arte: patatas bravas, croquetas, boquerones en vinagre, ensaladilla rusa… En el País Vasco se llaman pintxos y se clavan con un palillo. ¡Ir de tapas es el deporte nacional!
Nacieron en los campamentos de pastores españoles (siglos XVIII-XIX): masa de harina y agua frita en forma de estrella o lazo. Los pastores los llamaban “churros” porque recordaban los cuernos de la oveja churra. Hoy son el desayuno o merienda más golosa: crujientes por fuera, tiernos por dentro, y bañados en un chocolate espeso valenciano o madrileño. Imprescindibles en la Chocolatería San Ginés de Madrid (abierta desde 1894) y en cualquier feria o Navidad.